Ese objeto cotidiano que gentilmente te saluda. Natuka Honrubia te da las Gracias
Rosalía Torrent
Tiger abre su primera tienda en Valencia y despide al sexshop Ann Summers». Con este titular, el diario digital de información económica Valencia Plaza, informaba sobre la apertura en esa ciudad de lo que -en el mismo medio- se denominaba un «bazar de diseño». Al mismo tiempo, se refería a la franquicia británica Ann Summers, que, dedicada al comercio de productos eróticos, desaparecía del paisaje de Ruzafa para dejar paso, justo en el mismo lugar, a Tiger.
Cuando conocí a Natuka Honrubia, una de las primeras cosas que mencionó fue precisamente ese bazar, fuente nutricia, para ella, de pequeños objetos que más tarde su imaginación (de raíces entre pop y kitsch y de ramas adscritas a un grotesco paradójicamente tierno y siniestro) transformaría en objetos artísticos. Unos objetos, además, que destilan una sensualidad tan franca como perturbadora. Me pregunto si la casualidad que ha transformado una tienda de mercancías eróticas en otra de productos cotidianos con el marchamo del diseño a sus espaldas, no ha dejado en la trastienda un fantasma que transita por la obra de la artista. Porque tanto el exceso que caracteriza al bazar como la huella de lo sexual se reinventan en unos trabajos que, sin embargo, solo quieren, a su manera, agradecer su visita y su mirada a quienes se acercan a contemplarlos.
Pero ese posible fantasma no ha hecho su aparición ahora. Híbrido de lo disperso y ebrio de color, habitaba en su obra casi desde siempre, desde que en la escuela «conceptual» (son sus palabras) en la que se formó, personajes como Koons eran rechazados en su exceso decorativista. Natuka, sin embargo, aprobaba su ironía redentora, su descaro existencial, lo abundante de su imagen. Ella, que personalmente devuelve un perfil sobrio, sereno como sus palabras, ha cuajado sin embargo unas obras pródigas en su morbidez, que solo en sus inicios contuvieron el color hasta volverse dolorosas. Pero solo el color. El número, sin embargo, presagiaba futuros estallidos de profusión.
Vayamos, entonces, a esos lugares donde hoy la artista habita, a esas esculturas como la que vamos a ver en la exposición que nos convoca. La que finalmente ocupará el espacio de la calle de la Nave tan sólo la puedo describir desde el desconocimiento de su resultado final, pues únicamente en el momento en que este catálogo entre en imprenta, la obra estará acabada. Yo solo tuve la oportunidad de ver sus primeros pasos. Pero, relacionada con sus últimas poéticas, viene a ser un corolario de sus pesquisas sobre lo cotidiano y la exploración de su propio cuerpo, el cual, fragmentado, se nos ha ofrecido, en los últimos tiempos, a través de copias procedentes de moldes. Y es que, en esa mezcla de las cosas de cada día, almibaradas con potentes colores, aparecen labios, pechos, dedos o ano que son sus propios labios, sus pechos, sus dedos, su ano. El cuerpo de la artista que se ofrece con pudor pero sin miedo ante un espectador que no sin asombro recoge el testigo del troceado ente que se le ofrece.
Concretamente, y si el discurrir de la obra se verifica conforme a la idea inicial de su autora, estaremos viendo, en esta exposición, una escultura articulada en torno a un elemento tan simple como evocador: la escoba, concretamente una escoba infantil, comprada en Tiger. Probablemente, a sus pies, se refigure un montoncito de excrementos, que quizá hasta resulten bonitos en su concepción y desarrollo plástico, porque todo -al decir de Natuka- puede tocar la mano de la belleza. Sin embargo, en última instancia, su destino es ser barridos (aquí la artista no ha podido evitar, al comentarlo, hacer un símil con la corrupción de la que tanto sabemos en nuestro país). En la parte superior de la escoba se situarán los diferentes castings de su cuerpo, que a modo de excrecencias coralinas florecerán ante nuestros ojos, anudados en su parte inferior por una lazada que nos evoca un regalo. La inclinación dada al palo de la escoba reforzará este sentido oferente. Porque es deseo explícito de su autora que esta pieza se convierta en una acción de gracias. En los últimos tiempos, nos dice, ha sentido la necesidad de agradecer muchas cosas, de abrazar, de besar. Y lo quiere hacer con toda y cada una de las partes de su cuerpo acomodadas como en un ramo de flores encima del humilde palo de una escoba.
No sabemos todavía si en la pared en que vivirá su pieza, ésta se encontrará acompañada por alguno de sus dibujos Quizá vuelva a Londres (a donde quiere regresar a retomar una estancia que ha durado quince años) para traer de allí alguno de sus ágiles grafismos. En cualquier caso, un objeto inicialmente sencillo, industrial y anónimo, va a dejar de serlo para llenarse de significado.
- TORRENT, Rosalía: “Ese objeto cotidiano que gentilmente te saluda. Natuka Honrubia te da las gracias” / “Aqueix objecte quotidià que gentilment et saluda. Natuka Honrubia et dóna les gracies”, en “ROOMART/2015. Migraciones Visuales”, Romeu Imprenta, Valencia, 2015. ISBN: 978-84-943473-2-0 / D.L.: V-367-2015.