Natuka Honrubia

Hogar, dulce hogar
Mar Menéndez & Natuka Honrubia

Gen. 

3.1 Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios, dijo a la mujer: “¿Con que os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso?” ² Y respondió la mujer a la serpiente: “Del fruto de los árboles del paraíso comemos, ³, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir.” 4 Y dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis; 5 es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.

MM:
Creo que este proyecto de Sagunto es la primera vez que trabajas con instalaciones, corrígeme si me equivoco. ¿Qué tal si empiezas comentando tus trabajos anteriores y como te sientes ahora ante este nuevo reto?

NH:
La primera de mis obras que puede ser considerada como una instalación fue un dibujo de grandes dimensiones, 13 x 4 m, para la Sala La Gallera de Valencia con motivo de la exposición colectiva “Assujetissements”. El dibujo, que ocupaba toda una de las paredes del primer piso de la sala, representaba la eclosión de un óvulo del que salían proyectados en todas direcciones cientos de espermatozoides con bocas femeninas injertadas en sus cabezas. 

La segunda instalación la realicé unos meses más tarde cuando fui invitada a participar en “Llocs Lliures X”, un proyecto de intervenciones plásticas en Javea (Alicante). Cubrí con ratones y pezones la fachada, puerta y ventanas de una de las casas en el centro histórico de la ciudad. ¿Cómo reaccionaríamos si, al despertar una mañana, descubriésemos que nuestra casa o la de los vecinos ha supurado esas criaturas?

Mi proyecto para Peregrinatio es mi primera instalación en un espacio religioso. El reto principal ha sido llegar a sentirme capaz de intervenir en él sin que su simbolismo reprimiese mis ideas o coartase mi trabajo.

MM:
¿Qué te parece el espacio? ¿Lo elegiste tú?

NH:
Sí, la ermita la elegí yo. La elección la hice por la reacción que tuve hacia el espacio. Me sentí seducida por su oscuridad y pobre estado de conservación. Sobre el altar se erige una escultura bella, limpia y bien iluminada que representa a San Miguel vencedor con Lucifer a sus pies. Una vitrina de cristal la protege de la decadencia que la circunda: paredes desconchadas, azulejos caídos y repuestos de manera descuidada.  Me llamaron la atención dos carteles que piden donativos para colaborar en la restauración de la ermita: uno en el lampadario, el otro -con la petición de donativos traducida en cuatro idiomas- se encuentra en la puerta principal sobre la ranura por la que se introducen las dádivas. 

Mi proyecto de instalación podría conceder objetos bellos en favor de la ermita con la esperanza de que ésta aceptase y acogiese mi donación.

MM:
Los artistas que intervenís en San Miguel os sentís fascinados por esa inscripción que impide entrar al mal- fascinación, de la que sois algo partícipes-No sé si conoces los proyectos anteriores; Fernando Sinaga (Peregrinatio 2007) incluía un reloj, a modo de vanitas y Javier Velasco (Peregrinatio 2008) se inspiraba en el Ángel Caído de Bellver: ¿Dónde está el mal en tu intervención?

NH:
El proyecto de Fernando Sinaga sólo lo conozco por las imágenes del catálogo. La obra de Velasco la conocí al visitar las intervenciones el verano pasado. 

El mal no está en mi intervención. La inscripción sobre la puerta no es el elemento que me atrajo en el momento de mi elección de la ermita. Partí de mi reacción hacia su espacio al empezar a pensar en la instalación y lo primero que tuve claro fue que no quería que ésta versase sobre la muerte, ni sobre el sufrimiento ni el dolor. Me llevó varias semanas saber que proyecto quería ejecutar. Al principio todas las ideas que se me ocurrían tenían que ver con intervenciones sobre la fachada del edificio, no lograba que mi imaginación traspasase el umbral de la puerta. Las connotaciones de mi obra a lo largo de mi trayectoria artística hicieron que me sintiese cohibida al pensar en intervenir en un ámbito religioso. Estaba ofuscada. Fue entonces cuando la inscripción sobre la puerta y la ranura para hacer los donativos me resultaron de gran ayuda. Tenía que hacer mi trabajo, liberarme de mis miedos a causar ofensa, sentimientos de culpa o mala conciencia. Si Lucifer no tenía permitido el acceso a la ermita, yo podía trabajar con entusiasmo y valentía, sin temor al pecado o a la muerte. Fue entonces cuando empecé a acceder a la ermita de una manera narrativa, recordando relatos infantiles y tesoros escondidos en espacios encantados. Pensé en monedas de chocolate que introducía por la ranura de los donativos. ¡El premio que nos espera es muy grande! Las paredes de la ermita podrían custodiar preciosos pasteles, seductores y hermosos a la vista. El espectador sólo podrá contemplarlos a través del cristal y la reja de la ventana: no podrá comérselos, no podrá tocarlos. “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir” (Génesis 3, 3). Quería que mi obra fuese una alegoría sobre la vida, estar vivo y el regalo de la vida.

MM:
También utilizas otras partes de tu cuerpo: boca, lengua, nariz, dedos... que curiosamente aluden a los sentidos (faltaría la vista); pero quizás lo que más se repite son los dedos. ¿Se debe a algún motivo?

NH:
Los espectadores somos la vista. 

Puede que haya una razón completamente inconsciente que explique el motivo por el que utilizo los dedos con más frecuencia que otras partes de mi cuerpo. No la conozco. Simplemente sucede. No hay jerarquías entre los elementos o las formas. Qué y cómo los utilizo responde sólo a las demandas de la obra en el proceso de su creación.

MM:
No sé si conoces la obra de Clesinger “Mujer mordida por una serpiente” muy escandalosa en su época porque el artista tomó moldes de la modelo. Y en tu obra, esos pasteles que acaban en un pezón resulta un tanto “agresivo” que se hace aún mayor e incluso un tanto “escandaloso”, al saber que es el tuyo propio. ¿Cómo lo ves tú? ¿Buscas esa sensación en el público?

NH:
El escándalo provocado por la obra de Clesinger fue un escándalo social y artístico orquestado. Yo nunca he buscado provocar un escándalo. No saco vaciados de partes de mi cuerpo para congelar su imagen fija en otro soporte. El arte nos otorga la libertad de re-crearnos y re-inventarnos, de cuestionarnos a nosotros mismos, nos ayuda a conocernos. Podemos someter a objeción la realidad, luchar contra imposiciones y definiciones. El año pasado, en unas notas sobre mi trabajo escribí: “Mis manos y mis dedos, mis pechos y mis pezones; mis orejas, mis narices, mis ojos; mis lenguas, mis labios, mis bocas y mis sonrisas. Con ellas hago lo que quiero para que tú las quieras. Para que tú las desees y cuides de ellas; para que tú las beses y las toques, las mires y las muerdas. Para que tú las visites, te visiten y juegues con ellas cómo tú quieras, cuando tú quieras y yo, lo quiera tanto como tú”. Mis deseos, miedos, ansiedades, creencias e ideas quedan reflejados al elaborar una obra. Los del espectador son proyectados cuando la contempla, y la entiende como quiera. El pezón es una parte prominente de la teta. Es sólo un pezón. Las sensaciones que evoca al mirarlo no son una característica consubstancial de él, son subjetivas. Yo no puedo precisarlas ni limitarlas.

MM:
¿Cómo crees que se va a ver en Peregrinatio? ¿Cuál crees que será la reacción del público?

NH:
No sé cómo va a verse. Siempre siento desasosiego al hablar de mi obra, más ahora, que tenemos esta conversación semanas antes de terminar la obra en mi estudio y de que viaje hasta Sagunto. Será cuando termine de instalarla en la ermita cuando sabré como la veo yo. Entre los días de la inauguración y clausura de Peregrinatio sabré cómo la ha visto el público. Tengo curiosidad por conocer mi reacción, su reacción. No he trabajado con una idea preconcebida sobre el público que va a visitar el proyecto, puede que sea muy variado y variadas sus reacciones. 

Al empezar a trabajar en el proyecto, buceando por Internet, encontré una página web de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y Maria. Leí algo que he recordado varias veces mientras trabajaba en mi estudio e intentaba imaginarme la obra en la ermita: “Tener cuidado, no sea que nos contentemos con dedicarnos a hacer obras que ante los demás nos consiguen fama y prestigio, mientras tanto dejemos que los sentidos vayan hacia el mal, la sensualidad nos domine y las malas costumbres se apoderen de nuestro modo de obrar. Sería una equivocación fatal”. Creo que los artistas y el público podemos acercarnos a los proyectos que se exponen en Peregrinatio con una mentalidad abierta. Yo soy responsable de la obra que presentaré y en ella he procurado ser consecuente con mis ideas y sentimientos. Quizás he cometido una equivocación fatal. Que la obra plástica sea la que nos invite a mirarla e interpretarla. Entendámosla y reaccionemos ante ella como queramos.”