Natuka Honrubia (re)componiendo el cuerpo
Tania Pardo
“En el Capricho 43, El sueño de (a razón produce monstruos, Goya se reflejó a sí mismo dormido, apoyado sobre su escritorio, como un artista aturdido por los seres oníricos que deambulaban en su mente, contraponiendo de esta manera los antagónicos razón e irracionalidad, como si los destructores tradicionales de la primera fueran por sí las pasiones incontroladas de la segunda.
Y esto, aunque desde perspectivas contemporáneas, es lo que refleja Natuka Honrubia en estos dibujos que aluden a esa monstruosidad nocturna, expresado en estos fantasmas que pueblan el universo de alucinaciones. Seres que se alargan y prolongan, inducidos por la verticalidad del reposo, que buscan apoyarse en las paredes, a la vez que parecen flotar en un mundo cósmico, y se extienden hasta alcanzar el suelo. Un universo de sombras, donde parece que estos cuerpos están medio cosidos, unidos, haciendo referencia a la recomposición del cuerpo, anulando la idea del cuerpo ideal; aquella anatomía completa da paso aquí al cuerpo fragmentado y, más concretamente, en las esculturas, donde los despedazamientos de las extremidades conforman su Autofagia: una bola de dedos entrelazados, realizada en bronce. Los miembros alargados generan una extrañeza visual conmovedora, y pensamos irremediablemente en el despedazamiento como aquella técnica preferente de los expresionistas, dadaístas y surrealistas, sin obviar, la tradición psicoanalítica, donde el cuerpo que se desea se desgrana.
Ella, como artista, no alude al prototipo ideal de mujer, al maniquí; ya no es el cuerpo blando y deseable, sino el construido con partes de otro cuerpo o ¿quizá del mismo cuerpo? En Abrebocas, un brazo, concebido como una prótesis de hierro, culmina en una mano que ha sustituido dos dedos por una lengua, así como el brazo es rematado por una dentadura, a (o que sumaríamos, para crear más desconcierto, la sombra que este brazo refleja en la pared, «y es que (o desagradable se supone ajeno a la mujer, a esa mujer que se desea dama dulce e impecable, pero la mujer está inmersa muy a menudo en un mundo de dolor y secreción tradicionalmente tabú para La representación. De ahí la afección que el arte feminista tiene al feísmo, a la deformidad, a lo desagradable y no por el disfrute masoquista que se le puede suponer sino como un modelo de exorcismo»¹.
El hierro y el bronce generan esa plasticidad en los volúmenes, de los que emanan estas anómalas prótesis inutilizables. La rotundidad de formas y el sutil humor presentan la desnudez descarnada de estos objetos-cuerpos y se expanden por el espacio contaminándolo todo, penetrando en (a intimidad del padecimiento, o acaso ¿no son partes de un cuerpo mutilado? Pero la artista va más allá y corporiza objetos cotidianos, como aquel dedal, Articulate thimbel (A doy for Lulú), compuesto por dos piernas articuladas, como de un muñeco, evocando al sentido del humor emparentado con surrealistas, del mismo modo que sucede con algunas piezas de Juan Muñoz, que desprenden similar ironía y extrañeza visual. O cuando Natuka superpone, a una lata de alimento, brazos y piernas ficticios, pasando a formar parte de este universo espeluznante.
Piernas que se alargan, dedos que se estilizan, cuerpos excesivamente delgados, etc. Sin llegar a la hipertrofia, donde lo femenino, en muchas ocasiones, se desvela con un sentido casi monstruoso, Natuka Honrubia, trata de recuperar el cuerpo-objeto más que de representarlo, aludiendo en algunos de sus dibujos a la figura de la muñeca; no ya a esa autómata que se maneja y que por la desestructuración del cuerpo, la historia del arte ha relacionado con el sadismo y la pornografía, sino a la muñeca que se revela y deja de ser bella —según los cánones tradicionales— para no ser manipulada ni agredida. Una evocación entre la relación del cuerpo humano con lo que puede tener de muñeca. Muñeca monstruosa, como un «ser otro», diferente, distinta, rodeada de partes de cuerpo que recomponen el puzzle de este sugerente universo personal. Piezas que habitan en esta inestable realidad.
En el trabajo de Natuka Honrubia hay tal contraste entre objeto y sentimiento que bien podríamos aludir a Kant, cuando dice que el arte bello muestra precisamente su excelencia en que describe como bellas cosas que en la naturaleza serían feas o desagradables.”
- 1.Beguiristain, M.: Partida de Damas. Museo de Bellas Artes, Valencia 1998, p. 37
- PARDO, Tania: “Natuka Honrubia (re)compondre el cos” / “Natuka Honrubia (re)componiendo el cuerpo” / “Natuka Honrubia (re)composing the body”), en Assujetisement: Consuelo Calvete, Natuka Honrubia, Mau Monleón, Generalitat Valenciana, 2002 (P.P.: 198 / págs. 104-106 (valenciano, págs. pares) / págs. 105-107 (castellano, págs. impares) / págs. 189-190 (inglés)). I.S.B.N.: 84-482-3048-5 / D.L.: V-967-2002.